AGRADANDO AL SEÑOR

En los tiempos que nos ha tocado vivir, no es fácil agradar a los demás.  Se nos demanda mucho para ser agradables a otros. Y sí, es importante ser agradables a los demás pues no vivimos solos y debemos mostrar amabilidad y amor hacia los que nos rodean.  Pero ¿qué del hecho de que debemos agradar a nuestro Señor? ¿Nos importa realmente agradar al Señor tanto o más que agradar a los hombres? Creo que no pensamos mucho en esto.

¿Qué direcciones me da la Escritura para agradar al Señor?  El apóstol Pablo, en varias de sus cartas, nos enseña profundamente sobre esto.

Primeramente, en Romanos 8:8,  Pablo nos dice  que  “los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”. En este caso, todos aquellos que viven todavía obedeciendo sus malos deseos no agradan al Señor.  El verso ofrece una buena oportunidad para evaluarme si todavía vivo obedeciendo los malos deseos de la carne o los buenos deseos del Espíritu.

En 1 Tesalonicenses 4:1-12 (NTV), encontramos más sobre cómo agradar a Dios:

“Finalmente, amados hermanos, les rogamos en el nombre del Señor Jesús que vivan de una manera que le agrada a Dios, tal como les enseñamos. Ustedes ya viven de esta manera, y los animamos a que lo sigan haciendo aún más.  Pues recuerdan lo que les enseñamos por la autoridad del Señor Jesús. La voluntad de Dios es que sean santos, entonces aléjense de todo pecado sexual. Como resultado cada uno controlará su propio cuerpo y vivirá en santidad y honor, no en pasiones sensuales como viven los paganos, que no conocen a Dios ni sus caminos. Nunca hagan daño ni engañen a otro creyente en este asunto, teniendo relaciones sexuales con su esposa, porque el Señor toma venganza de todos esos pecados, como ya les hemos advertido solemnemente. Dios nos ha llamado a vivir vidas santas, no impuras. Por lo tanto, todo el que se niega a vivir de acuerdo con estas reglas no desobedece enseñanzas humanas, sino que rechaza a Dios, quien les da el Espíritu Santo”. Pero no hace falta que les escribamos sobre la importancia de amarse mutuamente, pues Dios mismo les ha enseñado a amarse unos a otros. Es más, ustedes ya muestran amor por todos los creyentes en toda Macedonia. Aun así, amados hermanos, les rogamos que los amen todavía más. Pónganse como objetivo vivir una vida tranquila, ocúpense de sus propios asuntos y trabajen con sus manos, tal como los instruimos anteriormente. Entonces aquellos que no son creyentes respetarán la manera en que ustedes viven, y ustedes no tendrán que depender de otros”.

Al leer este pasaje nos damos cuenta de cómo Pablo anima a sus oyentes a seguir agrando a Dios. Cinco cosas resaltan en sus palabras:

Vivir de una manera santa. Aunque la santidad es más amplia, Pablo aquí se concentra en el área sexual. Nos dice que cada uno debe vivir en fidelidad a su cónyuge. ¡Se agrada a Dios —insiste el apóstol— cuando nos entregamos y consagramos a nuestro cónyuge solamente!

Amor mutuo. Pablo también nos recuerda que, si queremos agradar al Señor, debemos amarnos mutuamente (vs. 9-10). Los tesalonicenses habían mantenido un buen ejemplo en esta área. Mientras el mundo hoy en día nos empuja a satisfacer nuestra necesidad de amor individual y a agradarnos a nosotros mismos, solo agradamos a Dios cuando ponemos el énfasis en la necesidad que el otro tiene de ser amado. Agrado a Dios cuando busco el bien de los otros: de mi esposo, de mis hijos, de mis hermanos en la iglesia, etc.

Vida tranquila. ¡Dios se agrada en las vidas tranquilas! Por último, se nos pide que nos pongamos como objetivo vivir una vida tranquila. Debemos ocuparnos de nuestras propias cosas y trabajar con nuestras manos. ¡Vaya exhortación! No he dejado de sonreír al leer esto. Vivir tranquilamente en estos tiempos en que todo es rápido y las demandas a vivir rápida y alocadamente nos son impuestas. Pablo, por favor, ¿qué nos estás pidiendo en el nombre del Señor? ¡Nos exhortas a vivir tranquilas, y creo que es muy buena tu exhortación! ¡Y tenía que dárnosla el Señor para que la obedezcamos si es que lo vamos a agradar!

No ser “entrometidas”. En las palabras menos agresivas del apóstol, si queremos agradar al Señor, debemos ocuparnos de nuestros propios asuntos y no de los de los demás. Esto se complica más hoy, cuando con tanta tecnología y medios sociales, nos damos cuenta de todo lo que le pasa a todo el mundo. Debemos hacer un esfuerzo extra para agradar al Señor y no entrometernos en lo que no nos toca. ¡Dios se agrada de aquella mujer que conscientemente evita meterse en la vida de otros, cuando hay tantísimo que hacer en la propia!

Trabajar personalmente. Por último, Pablo nos dice que trabajemos con nuestras propias manos, como el mismo acostumbraba hacerlo. En otras palabras, esforcémonos por ganarnos nuestro pan y vestido, sin convertirnos en carga de nadie. La vida indolente y dejada de muchas mujeres no cabe en la mente de aquella que quiere agradar a Dios. Este no es un llamado a la hiperactividad. Más bien, lo es a una vida que encuentra valor en aportar personalmente a la necesidad que tienen otros. Dios mira agradado a aquellas mujeres que entienden el trabajo de esa misma forma (Proverbios 31).

En conclusión, si queremos agradar al Señor, no vivamos obedeciendo nuestros malos deseos. Más bien, vivamos vidas santas, procurando el bien mutuo, tratando de vivir vidas tranquilas que no se entremeten en lo que no les importa y que trabajan para no cargar a otros. ¡Dios mismo quiera ayudarnos a agradarle de estas formas!

4 thoughts on “AGRADANDO AL SEÑOR”

  1. Sonia Guzman says:

    Gracias Alma por esta publicación, mucho que meditar. Bendiciones.

    1. Alma Alfaro says:

      Gracias querida Sonia! Si mucho que meditar con esto. Dios nos ayude a agradarle cada día!!

  2. Esperanza de Carranza says:

    Muy linda enseñanza.

    1. Alma Alfaro says:

      Gracias querida y recordada Esperanza!!! Dios siga bendiciendo tu vida!


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