Cambiando tu comunidad con el amor de Cristo

Después de conocerla por un año, Laura* me preguntó: “¿Podrías aconsejar a mi hija? Quisiera que tuviera un buen ejemplo en su vida y me gustaría que tú fueses su mentora”. Al principio, no sabía cómo contestarle.

Conocí a Laura en el año  2015 cuando empecé a ser voluntaria con el ministerio The Net en Fort Worth, Texas. El ministerio tiene varios programas que ayudan a gente necesitada. Uno de esos programas se dedica a ayudar a mujeres que han sido explotadas sexualmente por medio de la trata de personas. La trata de personas se define como “la explotación sexual en que se fuerza al acto sexual por motivos comerciales mediante el uso de fuerza, fraude o coerción, o en el que la persona forzada a realizar dicho acto no ha cumplido los 18 años de edad”.

No solamente en Fort Worth, sino en todo el mundo, hay mujeres que han sido explotadas desde su juventud. La causa por la que fueron explotadas es, lamentablemente, demasiado común. Por ejemplo, la joven tiene problemas en casa, huye de allí buscando a alguien que la comprenda o la ame. Por la falta de educación o recursos, termina viviendo en las calles. Estando en la calle, un hombre se le acerca para ofrecerle “ayuda”. Al principio, este hombre la deslumbra como su caballero con armadura brillante y le promete ser su novio para cuidarla.  El “novio” la invita a vivir con él, le compra joyas, ropa de lujo, y la trata como una reina. Empieza a tener relaciones con ella y luego la hace sentir que ella le debe algo por todo lo que él le provee.  La convence de que se acueste con los “amigos” de él como un favor, y la persuade que es completamente normal.  El novio le ofrece drogas y alcohol, y para sobrellevar la situación, ella lo acepta.  Así empieza la nueva vida de la joven, y pronto se encuentra encarcelada debido a que la policía la arresta por el uso de drogas y la prostitución. En Texas, la prostitución es legalmente considerada  un delito y se castiga. Los años pasan y el ciclo se repite porque ellas creen que no existe otra vida debido a la acumulación de antecedentes de esa índole, lo cual trae como consecuencia la dificultad de ser contratada en un trabajo decente, y salir de esa situación es muy difícil.

Las voluntarias de The Net visitan a las mujeres en la cárcel cada semana.  Les ofrecen su amistad, escuchan sus historias y oran con ellas. Hemos descubierto que nadie ha tenido interés en ellas sin un motivo distinto. Cuando las mujeres preguntan: “¿Por qué quieres visitarme?”,las voluntarias contestan: “Porque Dios te ama, te ha hecho a Su imagen, y queremos mostrarte el amor de Él por medio de nuestra amistad”. Las voluntarias también les explican que les gustaría ofrecerles la entrada al programa The Net, el cual les ofrece ayuda para volver a descubrir la dignidad que Dios les ha dado.

El programa es gratis, les puede ayudar a conseguir un trabajo y les ofrece educación si es que están listas para reformarse y dejar el pasado. El programa se encuentra en cooperación con el sistema judicial, y si las mujeres deciden ser parte este programa, es necesario que declaren ante el juez que dejarán la prostitución, mantendrán sobriedad y vivirán en un refugio para indigentes con restricciones como el no tener celular ni contacto con hombres.

Cuando conocí a las mujeres en el programa, nunca imaginé que ellas hubiesen sido explotadas. Son inteligentes, amables y muy fuertes. Una vez al mes, los sábados, recogía en mi auto a un grupo de mujeres del refugio y hacíamos actividades divertidas, como por ejemplo, ir al cine, a la piscina o jugar boliche. Nos reuníamos para enseñarles la vida libre de abuso o de drogas y también para establecer una amistad. El verano pasado me despedí de ellas ya que debido al trabajo de mi esposo tuvimos que mudarnos de Fort Worth, pero otras voluntarias continúan llevando a cabo esta labor. Tengo que decir que extraño mucho a todas las amigas que hice durante mi voluntariado en el programa.

Con el tiempo, cuando las chicas empezaron a confiar en mí, me contaban historias sobre sus vidas y me compartían cuáles eran sus peticiones de oración.  Fue un gran honor poder compartir el evangelio con ellas.  Para a aquellas que nunca lograron confiar en mí, espero haberles mostrado el amor de Cristo por medio de buscarlas fielmente  para salir cada mes y ofrecerles afecto sin juzgarlas. Este tipo de evangelización se llama Encarnación del Evangelio, y se basa en Juan 1:14:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Llevas a cabo la Encarnación del Evangelio cuando te conviertes en un ejemplo de Cristo y sirves a los demás sin dar directamente el plan de salvación. El propósito es vivir el evangelio en lugar de predicarlo.

Con mujeres que han sido explotadas, es difícil ganarse su confianza porque desconfían de la gente; piensan que van a ser usadas como lo fueron en el pasado.  Al principio, Laura desconfiaba de mí. No me dirigió la palabra hasta después de varios meses.  ¡Más adelante, cuando ya me saludaba, prácticamente me tumbaba con un abrazo! Nuestra amistad floreció, descubrí que ella ya había aceptado a Cristo como su Salvador y su vida empezó a transformarse con el poder de Dios. ¡Gloria a Dios! Cuando Laura me pidió que fuera la mentora de su hija, tocó mi corazón, porque me di cuenta de que la Encarnación del Evangelio estaba dando frutos. Ella vio a Cristo en mí, y quiso que su hija también lo tuviera. Me habría encantado que todas hubiesen sido receptivas como lo fue Laura, pero lamentablemente no fue así. Ayúdanos con tus oraciones por todas las involucradas en este ministerio. ¡Que el poder de Dios continúe tocando y transformando sus vidas!

 

Para más información sobre el programa The Net, visita https://www.thenetfw.com

*El nombre fue cambiado para proteger su identidad.


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