Eclipse lunar

Salmo 19:1: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”.

Hace unos días, aquí en Argentina, se produjo el primer eclipse total de luna del año. Fue todo un acontecimiento que acaparó la atención de científicos, estudiosos del espacio, periodismo y público en general, quienes vieron cumplidos todos sus pronósticos. Hasta se llegó a hacer la cuenta regresiva para comenzar a ver este fenómeno… 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. ¡¡¡Fantástico!!! ¡¡¡Tal cual se había predicho!!! ¡¡¡Todas las expectativas cumplidas!!!

Mucha gente se reunió para ver el fenómeno que se dio en llamar “luna roja”, ya que esta —al estar totalmente cubierta por la tierra y por efecto de la luz solar— toma un color rojo oscuro muy atractivo y particular.

En todas las provincias argentinas, sus observatorios astronómicos se colmaron de gente deseosa de ver el espectáculo con toda la tecnología que se brinda; en especial, en una de ellas: San Juan, situada al oeste de la República, pegada a la Cordillera de los Andes. Según los expertos en astronomía, es el sitio donde por el clima, la limpieza de la atmósfera y otros motivos, se aprecian mejor todos los cambios en el espacio celeste. (Ayer escribí esto, y hoy, cuando encendí el televisor para escuchar las noticias, aparece en los títulos: “San Juan, elegida entre los 5 lugares del mundo donde mejor se ven las estrellas”. No sé si a mis lectores les sucede lo mismo, pero cuando me pasan estas cosas —que para algunos son casualidades—, yo siento que el Señor está guiando mis pensamientos y aprobando mi trabajo).

En la ciudad de Buenos Aires, hay un barrio muy hermoso y visitado, llamado Palermo. Allí se concentró la mayor cantidad de gente porque posee un observatorio astronómico —el Planetario— con toda la tecnología de avanzada. Llegado el momento, todo era abrazos y festejos. El público aplaudía y los científicos se sentían conformes porque sus cálculos se habían cumplido a la perfección.

Este fenómeno astronómico puede ocurrir solamente por el poder de un Dios Creador. Toda esta perfección que permitió al hombre corroborar la exactitud de sus cálculos, basados en la observación y el estudio es, por la perfección del universo. Algunos hablan de una explosión… No conozco ninguna explosión que resulte en algo más que destrucción y caos. Una explosión destruye; no crea nada. Nunca nadie pudo demostrar la hipótesis del Big Bang, la cual jamás pudo transformarse en tesis. Solo un Dios grande, único y verdadero puso orden en el universo.

En la Biblia, en su primer libro, Génesis, el primer versículo declara: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, y sigue relatando cómo Dios, día por día, crea la luz, el Día y la Noche; separa la aguas —llama a la expansión Cielos—, los Mares de la Tierra; los productos de la tierra, las aves y los peces; y en los versículos 14 a 18, nos da una descripción maravillosa de la creación de las lumbreras: los astros celestes; entre ellos, la luna.

Todo es orden, día por día. Y vio Dios que era bueno. Por último, crea Dios al hombre y a la mujer para que disfruten de toda esta maravilla… hasta que por la desobediencia de estos, entra el pecado en el mundo y destruye progresivamente todo lo que Dios creó.

La Tierra sigue sufriendo alteraciones: temperaturas extremas, inundaciones, sequías, destrucción. Algunos piensan: ¿Cómo permite Dios todo esto?  No nos equivoquemos. Somos los humanos quienes por codicia, ambición, ansias de poder, logramos todo esto a lo largo de los siglos. Dios nos entregó un planeta perfecto, el hombre lo destruyó con el pecado.

Ante semejante caos progresivo, muchos aconsejan la meditación. Sí, pero meditemos en todos los regalos que nos hace Dios, día a día. Agradezcamos al Señor el ver y gozar las maravillas de su Creación. Acerquémonos a Él; meditemos en Su Palabra, la Biblia; y por lo oído a través de ella, pongamos nuestra fe en su Hijo, Jesucristo. Él nos transformará en nuevas criaturas: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Dios nos mostró el camino. En Juan 14:6, Jesús dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

¡Pongamos nuestra fe en Cristo! Él dio su vida por cada una de nosotras, derramando Su sangre en la cruz del Calvario. Por medio de Él, tenemos entrada al trono del mismo Dios Creador y Sustentador del universo; el único que puede guiar con la misma perfección cada paso de tu vida.

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? (Salmo 8:3-4).