El Amor Ágape: 3 Roles Importantes para la Mujer Cristiana de Hoy

Cuando me comprometí con quien ahora es mi esposo, mi mentora espiritual me dio una copia de un libro que trataba acerca de cómo la toma de decisiones basadas en el amor (ágape) de Dios es la respuesta a todos los problemas que pudiésemos enfrentar.  Gran parte del libro se basaba en lo que Juan, discípulo de Jesús,  concluyó acerca de Sus enseñanzas y el amor: El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor (1 Juan 4:8b). El texto en griego de «Dios es amor» literalmente se escribe  “Theos agape estin” o “Dios amor es”. El amor ágape es aquel amor no egoísta que mostró Dios por nosotros enviando a Su Hijo Jesús a morir en la cruz por nuestros pecados. Este amor es sacrificado y no se deja llevar por la emoción o sentimientos momentáneos. Es una decisión que se toma de antemano en cuanto a hacer lo correcto.

No obstante, el amor ágape debe desempeñar, por lo menos, tres importantes roles en el sistema moral de la mujer cristiana. Primeramente, el amor tiene que ser la base de nuestro sistema moral, ya que Dios, quien es nuestra fuente de autoridad, es amor. Cuando nuestro amor se centra en quién es Dios, nuestras acciones giran alrededor de lo que es mejor para Su reino. Lo opuesto es igualmente cierto: cuando el amor de Dios no es el centro de nuestras vidas, tomamos decisiones pensando primero en nuestro beneficio propio. Esto es egoísmo. El egoísmo es lo que nos puede llevar a cualquier otra actitud pecaminosa, rompiendo así la comunión con Dios y con los que nos rodean.

El segundo rol importante que el amor ágape provee al sistema moral de la mujer cristiana es su propósito. Nuestro propósito fue resumido cuando Jesús nos ordenó que amemos a Dios con todo lo que tenemos y somos, y que amemos también a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mar. 12:29-31; Mat 22:34). Este mandamiento supremo es el motor que nos impulsa a dirigir nuestra vida diaria, con el fin de que nuestro amor sea perfeccionado hasta el día de Cristo Jesús. Cuando “el gran mandamiento” es nuestro propósito, vivimos estables, ya que tendremos identidad, encontraremos contentamiento y caminaremos hacia el destino que Dios tiene para cada uno de sus hijos.

Otro papel importante que juega el amor ágape en nuestras vidas es ser nuestra guía en cada paso y decisión que debemos tomar. Siguiendo esta verdad nos podríamos preguntar: ¿qué será lo más amoroso para el reino de Dios o qué será lo más amoroso para nuestro prójimo? Jesús nos dio el ejemplo mayor de que nuestro amor por Dios nos debe apasionar y consumir al punto de estar dispuestos a sacrificar nuestros deseos personales para servirle a Él y a los que nos rodean.

Valga la aclaración: este amor ágape no nos convierte en un algún tipo de “hippie” moderno o personaje permisible que anda con el símbolo de la paz en mano. Tampoco, y mucho menos, nos permite ser receptores de abusos de otros. El amor ágape pone límites y no acepta el pecado como algo normal. Algunas personas podrían acusarnos de “no cristianos” cuando, en amor, ponemos límites, y cuando demostramos convicciones, a veces no muy populares, diciéndole «no» a lo malo y declarando la verdad bíblica. No nos podemos dejar llevar por la discriminación que podamos enfrentar cuando, por Su causa, declaramos y actuamos bajo Sus principios. A veces, lo más amoroso podría ser no continuar apoyando con dinero y otros recursos a esa persona adulta que no desea tomar responsabilidad de sus asuntos financieros. En otra ocasión, lo más amoroso podría ser retirar un poco la amistad con esa amiga que constantemente divulga sus problemas pero rehúsa seguir el consejo bíblico. A lo mejor, en otra situación, lo más amoroso será alejarte de una relación destructiva.

Jesús mostró que, a veces, lo más amoroso es dar consuelo y esperanza como Él lo hizo con la mujer junto al pozo de agua (Jn. 4:1-26) y con la mujer adúltera (Jn. 8:1-11), pero también fue firme y enérgico como lo hizo con los que convirtieron el templo en un sitio de negocios indebidos (Mt 21:12), y como lo hizo con los fariseos y hasta con su discípulo Pedro, al decirle: “¡Apártate de mí, Satanás!” (Mt. 16:23).

Después de estar casada por más de 15 años, de criar dos varones y de estar sirviendo en diferentes áreas del ministerio, puedo decir que Jesús mostró que, a veces, lo más amoroso es dar consuelo y esperanza Qué sabia fue mi mentora al regalarme el libro sobre la toma de decisiones y el amor de Dios. Estudiar y meditar a través de los años sobre Su amor me ha ayudado a moldear la manera en que tomo decisiones. No importa el problema que enfrente, puedo elegir hacer lo más amoroso, aunque no lo sienta. Y aunque muchas veces he fallado en hacerlo, reconozco hoy que hay mejores resultados cuando escojo hacer lo más amoroso para el reino de Dios y para los que me rodean que cuando decido actuar egoístamente.

Pidámosle al Señor que nos ayude a entender y establecer cada día Su amor perfecto en las diferentes situaciones que enfrentamos.