El valor de una mujer

Vivimos en medio de una sociedad donde la mujer, ha dejado de ser aquella de casa, esa que dependía económicamente de un hombre, esa que buscaba honor al lado de un esposo. Hoy se ve a una mujer más dueña de sí misma, ocupando altos cargos profesionales en todas las esferas, y muy ocupada en verse bonita.

Su guardarropa lleno de prendas de las mejores marcas y muchas de ellas, han pasado por las manos de un buen cirujano para moldear un poco su cuerpo.  En otras palabras, la mujer ha encontrado valor en la manera como ella se desenvuelve y la manera cómo se ve frente a un espejo.  En demostrar que es capaz de hacerlo todo y que es digna de ser admirada por todos.  Pareciera que lo anterior habla muy bien de la mujer, sin embargo, ha dejado de florecer de la manera correcta. La mujer de hoy no ha entendido que allí no está su valor, pues los títulos pasan, las empresas funcionan con o sin nosotras y el cuerpo se deteriora… es la ley de la vida.

Si bien es cierto, todos necesitamos frases de afirmación, nuestro valor no está en la mirada o en las palabras de otra persona.   Tristemente, la mujer ha perdido su valor, buscando tener valor…

Quisiera proponerles una frase, que me ha enseñado mucho, en mi papel de mujer, hija, hermana, esposa y madre:

“La mujer vale, no por lo que los demás dicen,

sino por lo que Dios dice de ella, hace en ella y a través de ella.”

¡Dios dice que la mujer vale! Cuando creó el universo y luego al hombre, vio que su creación estaba incompleta sin ella. Que no era bueno que el hombre estuviera solo, e hizo a la mujer como complemento para el hombre, y sólo con ella, su maravillosa creación, estaría completa.

Dios hizo a la mujer de tal manera, que su esencia es necesaria en todas áreas en que se desenvuelve la humanidad.  Dios la hizo a Su imagen, y esto debiera ser suficiente para ser valorada.  Además, la hizo diferente al hombre, no para superarlo, ni para ser atropellada, sino simplemente diferente, para ser su complemento.  Y la hizo con tanto amor y ternura para que, a través de ella, muchos pudieran experimentar el amor de Dios.

¡Tú vales por lo que Dios hace en ti!

Y…¿Qué hace Dios en ti?

Dios, quien es tu Creador, también quiere y tiene el poder de sustentar tu vida, y de salvarla de todas las maneras en que se puede salvar. Dios es de esos dueños que admiran a su creación y la aman, que no la deja sola y que sigue teniendo sus cuidados de amor, para que ella, su creación, esté bien. Este Creador-Salvador-Sustentador, está presente en todos los días de tu vida. Está presente para cuidar de que no caigas, para levantarte si llegas a caer, y para restaurar tus piezas rotas a consecuencia de cada caída. Él es nuestro buen alfarero, el gran carpintero y lo mejor, está siempre dispuesto a sanar nuestras heridas.

Y, por último, ¡Tú vales por lo que Dios hace a través de ti! Continuamente lucho con la idea que tienen muchos padres, de hacer de sus hijos, los mejores profesionales. A lo mejor, después de leer estas líneas, dirás: ¿Y es que eso es malo? No, no es malo. El punto que quiero enfatizar es que no enseñamos a nuestros hijos a ser profesionales para servir a la comunidad, sino para obtener dinero y bienes materiales. No les enseñamos que cada uno tenemos talentos y dones que fueron dados por Dios, con un propósito de bendición para nuestra vida y la de los demás. Y yendo más allá, no les enseñamos, que hay un propósito para cada uno y que ese propósito sólo se cumple en las manos de Aquel que nos diseñó…En las manos de nuestro Dios y Creador.

Dios no limpia la vasija, si no la va a usar de nuevo y de una mejor manera. Nuestro Alfarero no destruye la vasija de barro, si no es para moldear una mejor, que pueda cumplir el propósito para el cual fue hecha. Dios no prepara nuestras alas para que volemos nuestro propio vuelo sino el Suyo.

Recuerdo una frase muy conocida que dice “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Y es que el fin último de nuestra vida, es que podamos servir a Dios y a Su creación, y ser de bendición para otros. De nada nos sirve, tener una buena autoestima, si la usamos para propósitos egoístas y dañar a los demás. Podría decir que no hay buena autoestima, si esta, no nos conduce a cumplir el plan de Dios para nuestra vida. Porque parte de ese valorarnos correctamente, es el entendimiento de quiénes somos para Dios y de lo que Él puede y quiere hacer en nosotras. Así es que esta frase tiene todo sentido:

“¡Tú, mi querida amiga, vales por lo que Dios hace a través de ti!”.

¡Es por eso que tú mujer, vales!

¡No permitas que alguien te diga que eres de poco valor porque a sus ojos, no cumples con sus estándares, pues cumples con los de Dios y eso, basta!

One thought on “El valor de una mujer”

  1. Carolina Massa says:

    Muy acertada reflexión Claudia. Un fuerte abrazo!


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