En Su Palabra Meditaré

El semestre pasado, en una de mis clases, el profesor nos estaba enseñando sobre el cristianismo primitivo y su relación con las Escrituras.  En aquel tiempo, los cristianos no disponían de una copia impresa de la Biblia, y es por eso que esperaban con expectativa el día en que se reunían para escuchar la lectura de una porción de las Escrituras. Ellos valoraban en gran manera la Palabra de Dios y esto era notorio en la actitud que tenían frente a la lectura, ya que se esforzaban por escuchar muy atentamente, deseando retener lo más posible para, así, no olvidar. Ellos amaban y buscaban guardar cada una de sus enseñanzas.

Hoy tenemos el privilegio de tener en nuestra mano una copia impresa de la Biblia (o quizás más de una), pero tristemente, no siempre tenemos la misma actitud que tenían aquellos creyentes frente a las Escrituras.

Reflexionemos: ¿Valoro de la misma manera la Palabra de Dios? ¿Tengo la misma actitud y deseo de aprender lo que Dios tiene para enseñarme? ¿He tomado tiempo hoy para estar en la Palabra, para meditar en ella y buscar guardarla como lo hacían ellos?

Dedicando tiempo en la Palabra

En el Salmo 119, el tema central es la Palabra de Dios. En este salmo aprendemos cuál debe ser la actitud del creyente ante las Escrituras y el lugar que debe ocupar en su vida.  Vemos un énfasis en todo el capítulo sobre la importancia de meditar en Su Palabra (vv. 23, 27, 48, 78, 99, 148) y el valor y los beneficios de guardarla (v. 2,8, 9, 11, 17, 22, 33, 34, 44, 56, 69, 100-101, 115, 167-168).

“En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos.

Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras”

(vv. 15-16)

Meditaré y consideraré

“Meditar” implica detenerme para observar, considerar, reflexionar, contemplar, estudiar, indagar. Y “considerar” es prestar atención, examinar, evaluar. Para detenerme a meditar en Su Palabra, implicará de mi parte: tiempo y disciplina.  Para esto, quizás me ayude leer varias veces el texto, y luego, hacer anotaciones de las lecciones aprendidas, como así también reflexiones en cuanto a aplicaciones prácticas para mi vida.  Otros, eligen a veces enfocarse solamente en 1 o 2 versículos donde allí se detendrán a meditar y reflexionar.  Lo importante no es cuánto tiempo dedico, lo importante es poder hacerlo, y así experimentar las bendiciones de estar en Su Palabra cada día.

Cuidados que hay que tener: (1) Hoy en día, es tan fácil distraerse o tener interrupciones que sé que necesito disponer la mente y el corazón para estar atenta y enfocada en mi tiempo con Dios y su Palabra.  Esto requerirá de mi parte gran determinación.  (2) Vivimos en un tiempo en que todo tiene que ser rápido y fácil; y muchas veces, esa misma actitud puede reflejarse cuando estoy frente a las Escrituras: hago una lectura ligera y aplicación exprés. Con el deseo de encontrar enseguida una “aplicación”, corro el riesgo de perder: perder el significado completo y correcto del texto; perder enseñanzas que Dios tiene para mi vida, al no profundizar; perder los beneficios y las bendiciones de meditar en Sus verdades y en Su consejo.

Beneficios de estar en Su Palabra: Su Palabra me sostiene y sustenta (vv. 116-117), me aconseja (v. 24), me lleva a camino de santidad (v. 9, 11), me ayuda a alejarme del mal camino (v. 101), me enseña (v. 102), me da sabiduría y entendimiento (vv. 98, 99, 100, 104, 130), ilumina mi camino (v. 105), ordena y guía mis pasos (v. 133).  Cuando estoy abatida, me vivifica (v. 25); cuando hay preocupaciones y ansiedad, me sustenta (v. 50); ella es mi consuelo (v. 50), es delicia y tesoro, me sostiene en la aflicción (v. 92, 107) y me trae mucha paz (v. 165).

Me regocijaré y no me olvidaré

Cuando leía el Salmo 119, noté que varias veces, se mencionaban juntos el concepto de meditar y deleitarse y/o regocijarse (v. 97, 127, 140, 143, 159, 163, 167). El salmista expresa cómo Su Palabra es su deleite (v. 24a, 77), cómo se regocija en ella (v. 47, 162), cómo tiene en ella Su voluntad (v. 35) y cómo son el gozo de su corazón (v. 111).  Estar en Su Palabra y meditar en ella trae gozo, consuelo, deleite y satisfacción. Porque medito en Su Palabra, ella es mi deleite; y porque es mi deleite, medito en Su Palabra.

Que hoy sea un día en que pueda separar un tiempo para estar con Dios y Su Palabra.  Sin duda alguna, necesito preparar mi corazón, disponer mis oídos a escuchar su voz y acercarme con humildad para recibir Su consejo e instrucción.  Que nuestra oración sea como la del salmista:

“Abre mis ojos, y mirare las maravillas de tu ley” (v. 18).

“Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios” (v. 125).

“Enséñame tus estatutos” (vv. 12,26,33,64,68).

“Guíame por las sendas de tus mandamientos” (v. 35).

6 thoughts on “En Su Palabra Meditaré”

  1. Shirly says:

    Excelente! Muchísimas graciass, Dios te bendigaaaa.

  2. Lilian C. Ancalle says:

    Excelente Claudia, todo con referencias bíblicas. Bendiciones.

  3. Sil says:

    Buenísimo Clau! Su Palabra nos sostiene! Beso grande!

  4. Carmen says:

    Excelentes publicaciones

  5. Raquel Lella de Valdez says:

    Muchas gracias por compartir este mensaje que nos desafía a anhelar cada día a conocer más La Palabra de Dios y al Dios de La Palabra. Bendiciones Claudia. Un abrazo.!!!!!

  6. Veronica dR says:

    Hermoso desafío! Que la Escritura sea mi deleite y entonces meditar en ella. Muchas gracias, Clau!