La integridad

Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado asimismo en Jehová sin titubear. Salmos 26:1

Escuché hace poco a un predicador que explicaba el origen latín de la palabra integridad. Este relataba cómo los soldados romanos al terminar de ponerse su armadura y al estar listos en posición de combate exclamaban ¡integritas!   Esto significaba que ya habían apretado su cinturón, ceñido la espada, tenían su escudo y habían puesto su casco. En fin, ya estaban completos.

La literatura poética del Antiguo Testamento contiene mucho sobre la filosofía de vida para las seguidoras de Dios. Uno de los términos más usados  en estos libros, a veces de manera implícita, es la idea de la integridad o rectitud (Salmos 1, 15, 24, 26; Job 2: 3; 31; Prov. 10: 9; 19: 1; 20: 7).

Entiéndase que bíblicamente el ser íntegro tiene que ver con permanecer en un caminar de  verdad, justicia y honestidad. O sea no se trata de un comportamiento de un día, o de una actitud que se toma y se deja, sino es ese continuo andar en el camino de la rectitud. Otra característica que sobre salta acerca  del justo es el tener las manos limpias”, y “un  corazón puro (Salmo 24:4), implicando así que la persona íntegra constantemente examina su vida para limpiar su consciencia y corazón. No obstante la integridad se mantiene día a día escudriñando el corazón y previniendo así que pecado penetre en él (Salmo 26:2).

En adición, estos libros poéticos hacen énfasis en cómo una persona con integridad no participa del consejo ni de las acciones de los pecadores e impíos (Salmo 1:1; Job 2:3; Prov. 20:7) y tampoco hace mal al prójimo sino que constantemente busca hacer lo más amoroso (Salmo 15:2-4).  El libro de Job describe de cómo este mismo “hizo pacto con sus ojos para no mirar lo indebido” Job 31:1.

¿Cómo contribuyen estas características a la buena marcha de una seguidora de Dios? Realmente la recompensa es grande: la mujer  que vive en rectitud puede habitar en la “presencia del Señor y estar en su lugar Santo” (Salmo 15:1; 24:3). Otro beneficio es que “da fruto a su tiempo, su hoja no cae y todo lo que hace prospera” (Salmo 1:3-4). Además,  el Salmo 15:5 dice que el justo “estará firme” y “no resbalará jamás”. Y lo más maravilloso, su legado: “bendecidas serán sus generaciones” (Prov. 20: 7b).

Pero, ¿Cómo podemos vivir una vida de integridad cuando vivimos en un mundo tan inmoral? A continuación te presento tres ideas que nos pueden ayudar a mantenernos viviendo una vida íntegra.

1. Selecciona con mucho cuidado lo que miras y lo que oyes. A veces pensamos que al ser ya adultas podemos darnos el lujo de ver programas o películas y que coquetean continuamente con acciones paganas. No podemos pretender pasar horas disfrutando de ver actores sumergidos en acciones de adulterio, fornicación, u homosexualidad y pensar que jamás seremos seducidas. Si la palabra nos exhorta a pensar en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, … todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre”; y también en cosas de “virtud alguna”, y “dignas de alabanza”…(Fil. 4:8) entonces ¿por qué mirar programas y películas que se basan en todo lo contrario? Cuando la Biblia nos advierte de esto es porque no es de beneficio para nosotras. Muchas veces me he encariñado con una serie que empieza muy sana y luego se torna en algo totalmente contrario a los principios bíblicos. Es triste tener que despedirme emocionalmente de los personajes pero, sería mucho más triste quedarme viendo algo que no es de agrado a Dios, ni de beneficio para mi vida. Amiga, desconéctate de todo aquello que te pueda alejar de la pureza. No vale la pena.  

2. Busca tu identidad en lo que dice la palabra de Dios acerca de ti. No permitas que lo que está de moda y lo más popular dicte tu valor. Los medios de comunicación y redes sociales totalmente distorsionan las cualidades que son más importantes en una mujer virtuosa: un carácter piadoso.  Constantemente somos bombardeadas con imágenes irreales de lo que es la belleza y lo que es realmente importante. La biblia nos recuerda que nuestro valor está en lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz y en que algún día estaremos celebrando con Él. No inviertas tu tiempo y recursos en seguir lo que el mundo te dice que es bello: siempre habrá alguna más joven, más bella, y hasta con artefactos ficticios que jamás podremos competir. Bien dice la Palabra “el encanto es engañoso, y la belleza no perdura, pero la mujer que teme al Señor será sumamente alabada.”(Prov. 31-30 NTV). Esto nos lleva al tercer punto;

3. Crece en el temor de Dios. El temor a Dios no es tenerle miedo, sino es tener una profunda admiración al Dios santo y perfecto creador de TODO el universo. Nuestra actitud en el corazón debe ser la misma de aquellos ángeles que relata la Biblia en Apocalipsis 4:8 donde decían de día y de noche sin parar  “¡Santo, santo, santo!”.  Este Dios tan grande y poderoso nos creó y nos llamó,a ti y a mí, para traer gloria a su nombre a través de nuestras vidas.

¡Este llamado nos debe causar un profundo amor y  agradecimiento, manteniéndonos así enfocadas en vivir una vida en integridad!

Obviamente este estilo de vida es solo posible con la ayuda y el poder de Jesús y el Espíritu Santo ya que no es natural para el humano vivir separado del pecado y deseos carnales. Sin embargo, vale la pena seguir una vida de integridad. Los beneficios de vivir en rectitud sobrepasan los retos que enfrentamos. Si la integridad es una virtud que caracteriza nuestra vida tendremos una vida plena y seremos testimonios vivos a los que nos rodean.

Que el Señor nos muestre el próximo paso a seguir para vivir íntegramente, recibiendo así el beneficio de una vida plena en El.