MUJERES QUE TEMEN AL SEÑOR

Una de las enseñanzas fundamentales de Proverbios se encuentra en Proverbios 1:7. Aquí encontramos que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. De acuerdo con esto la sabiduría en una mujer se origina cuando esta teme a Jehová. Pero, ¿qué significa “temer a Jehová”? Déjame darte algunas sugerencias que nos ayuden a contestar esta pregunta.

1. Temer a Dios no es tenerle miedo.

Según entendemos en la Escritura temer a Dios no es simplemente tenerle miedo. No es temblar de pánico delante de él o quedarnos heladas y paralizadas por su grandeza. Aunque la grandeza de Dios es avasallante para cualquier ser creado, el “temer a Dios” no es esto. Nada más lejos de lo que realmente significa. ¡Si fuera así, los seres más sabios serían los demonios, pues ellos creen en Dios y tiemblan ante él (Santiago)! ¿Entonces?

2. Temer a Dios es tener una relación con él.

Por otro lado, los hebreos antiguos creían que ser “temeroso” o “temerosa” de Dios significaba tener una relación con el Creador en la que la persona se sujetaba en obediencia a lo que él les había comunicado. Era debido a esta obediencia y relación que la persona era públicamente conocida por los demás. Su reputación era sostenida por esa relación personal e intima con Dios. Temer a Dios era sinónimo de ser una persona piadosa.

3. Temer a Dios es conocerlo en profundidad.

Ya que la temerosa de Dios tenía esa relación íntima con él, el Señor se le daba a conocer de una manera profunda, como no lo hacía con otras mujeres. El hombre y la mujer temerosa de Dios llegaban a entender de verdad qué significaba que Dios fuera su señor, creador, sustentador y salvador. Y así, cuando llegaban a conocerlo podían entender mejor la esencia de la vida, aun en medio de circunstancias difíciles. Para nosotras temer a Dios significaría, entonces, lo mismo. Significaría buscarlo disciplinada y cotidianamente deseando oír su voz en su palabra, la Escritura, y obedecerlo en todo lo que nos dice. Esta es la forma más cercana de repetir la experiencia de aquellas mujeres que en reverencia lo adoraban, y vivían vidas plenas.

4. Temer a Dios es apartarse del mal.

Tememos al Señor cuando nos apartamos del mal. Proverbios 3:7-8 nos dice:

No seas sabio en tu propia opinión

Teme a Jehová, y apártate del mal;

Porque será medicina a tu cuerpo,

Y refrigerio para tus huesos

Nota como este verso coloca en oposición el temor a Dios y el apartarse del mal. El temor del Señor nos lleva a apartarnos del mal. Al conocerle más sabemos qué cosas no le son agradables, qué cosas son pecado y qué cosas debemos evitar. Nota también cómo buscar a Dios y apartarse del mal producen salud y frescura para nuestro cuerpo. ¡Una mujer temerosa de Dios es una mujer que por vivir separada del mal, disfruta de bendiciones visibles, inclusive físicamente!

5. Temer al Señor es algo que termina bendiciéndonos.

Al final de Proverbios encontramos que la mujer que teme a Jehová será alabada. Esto, además de las otras bendiciones ya mencionadas, es producto de vivir en el temor de Dios.

Seguramente que de quien más nos gusta recibir alabanza es de nuestros seres amados. La alabanza que recibe una mujer que teme al Señor viene primeramente de su esposo y de sus hijos. Al estudiar y ver todas las virtudes de esta mujer—virtudes producto del temor del Señor—en Proverbios 31: 10-31, lo menos que podríamos esperar es que ella reciba el reconocimiento de aquellos que están más cerca. Y así sucede, porque el pasaje termina con estos bellos versículos:

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;

Y su marido también la alaba:

Muchas mujeres hicieron el bien;

Mas tú sobrepasas a todas.

Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.

Dadle del fruto de sus manos,

Y alábenla en las puertas sus hechos.

¡Gran alabanza a una mujer que teme al Señor! ¡Una mujer que le obedece y pone en práctica el conocimiento que tiene de él, demostrándolo con sus hechos recibe la alabanza de sus amados y la del mismo Dios!

No sé ustedes, pero yo quiero seguir aprendiendo y viviendo lo que significa temer a Dios. Sé que no se trata de tenerle miedo al Señor. Más bien es cuestión de tener una relación profunda con él, en la que le conozco y le obedezco. ¡Es una relación en la que me aparto del mal y que finalmente se me reconoce por aquellos que son más importantes para mí!