Vestida para la batalla

Una de las cosas más emocionantes para mí es la llegada de un año nuevo, y con él, el “borrón y cuenta nueva.” Desde que tengo memoria, una de las tradiciones que en casa tenemos es que en la cena de víspera de año nuevo, envolvemos doce uvas en papel aluminio, las cuales representan los doce meses del año. Las comemos lo más rápido posible durante la cuenta regresiva. Además de ver quién puede acabarse sus uvas primero, la idea es que uno piense en un propósito para cada mes del nuevo año que comienza. Una manera creativa de pensar en tus propósitos de año nuevo.

Lamentablemente, también recuerdo la culpa y la vergüenza que trae no cumplir tus propósitos.

  • “Dices que vas a orar más y leer la Biblia todos los días, pero eso dijiste el año pasado y ve”.
  • “¿No te da ya vergüenza decirle a Dios que este año sí va a ser diferente?”
  • “Nunca lo vas a lograr”.

Una de las lecciones más valiosas que aprendí en el 2018 es haber entendido que no he logrado cumplir estos propósitos y nunca lo lograré si no aprendo a “vestirme apropiadamente”. Permíteme explicarlo. Ciertamente, detrás de cada propósito no cumplido, se encuentra nuestra inclinación al pecado, pero muchas no vivimos conscientes de que como creyentes, estamos en guerra espiritual todos los días todo el día, y que es solo a través de aprender a vestirnos de toda la armadura de Dios que podremos pelear esa batalla espiritual; no solo cada año nuevo, sino en el día a día.

Efesios 6:10-18 (TLA)

10 dejen que el gran poder de Cristo les dé las fuerzas necesarias.

11 Protéjanse con la armadura que Dios les ha dado, y así podrán resistir los ataques del diablo. 

12 Porque no luchamos contra gente como nosotros, sino contra espíritus malvados que actúan en el cielo. Ellos imponen su autoridad y su poder en el mundo actual. 

13 Por lo tanto, ¡protéjanse con la armadura completa! Así, cuando llegue el día malo, podrán resistir los ataques del enemigo y se mantendrán firmes hasta el fin.

14 ¡Manténganse alerta! Que la verdad y la justicia de Dios los vistan y protejan como una armadura. 

15 Compartan la buena noticia de la paz; ¡estén siempre listos a anunciarla! 

16 Que su confianza en Dios los proteja como un escudo, y apague las flechas encendidas que arroja el diablo. 

17 Que la salvación los proteja como un casco, y que los defienda la palabra de Dios, que es la espada del Espíritu Santo.

18 No se olviden de orar. Y siempre que oren a Dios, dejen que los dirija el Espíritu Santo. 

¿Cómo me visto de toda la armadura de Dios? Me apropio de ella por fe y de manera práctica:

Reconozco que es solo en Él y en su fuerza que peleamos (v. 10) — Proverbios 3:5-6.

Estoy consciente de quién es el enemigo, pero sin olvidar a Quién tenemos de nuestro lado; y por ello, descanso en la verdad de Jesucristo y de la Palabra de Dios (vv. 12, 14a) — Juan 14:6; 17:17; Éxodo 14:14.

Me regocijo en la seguridad que tengo de que he sido hecha justa delante de Dios a través del sacrificio de Jesús en la cruz (v. 14b). ¡Ya no hay condenación para mí! Jesús vino a salvarme de la muerte, de la culpa, y de mis pecados pasados, presentes y futuros. Cuando Dios me ve, ve el sacrificio de Cristo y no mis faltas — Romanos 8:1; 5:1; 2 Corintios 5:17.

Intercambio la ansiedad por la paz de Cristo (v. 15) a través de la oración y la acción de gracias — Filipenses 4:6-7. Al aceptar a Cristo como mi Señor y Salvador  estoy en “paz para con Dios”; es decir, paso de muerte a vida espiritual. Pero también gozo de la “paz de Dios”, aquel descanso de confiar que Él está en control — Isaías 26:3; Colosenses 3:15; Juan 14:27.

Vivo lo que creo (v. 16). La fe en este versículo no tiene que ver con decidir qué creer, sino más bien, con vivir lo que creo acerca de Dios y su Palabra: “porque creo que Jesucristo y la Biblia son verdad y que al confiar en Él como Señor y Salvador, he sido hecha justa delante de Dios, rechazo las mentiras del enemigo (Juan 8:44)”.

            Por ejemplo: “Dios no me ama” contra “Creo que la Palabra es verdad y en ella leo que Dios me ama (Jeremías 33:3); por ello, me rehúso a creer algo diferente”.

Ponerme el yelmo de la salvación (v. 17a) cambia mi perspectiva y me permite descansar en la esperanza de que a pesar de lo que esté atravesando hoy, un día estaré en el cielo con Jesús — Colosenses 3:1-4; Apocalipsis 21:4; 1 Pedro 1:3-5.

Aplico verdad específica a mi situación (v. 17b).  Jesús nos modeló esto cuando fue tentado en el desierto. Las tres veces que Satanás lo tentó, Jesús respondió con un pasaje específico de la Biblia. Por eso, es crucial pasar tiempo meditando y memorizando la Palabra, para que el Espíritu Santo nos traiga a la memoria la verdad en tiempo de necesidad.

Oro pidiendo la dirección del Espíritu Santo (v. 18). El apóstol Pablo termina como comenzó este pasaje: recordándonos la necesidad de descansar en Dios.

Amiga, que este 2019 y los años que te quedan aquí en la tierra vivas el día a día vestida para la batalla. ¡Un abrazo!


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