¡Y las repetirás a tus hijos!

Hace unos días, escuchaba hablar sobre un niño de tan solo 6 años, que en conversaciones con otros amiguitos de su edad, decía muchas palabras soeces.  Y los adultos que lo escuchaban se quedaban sorprendidos de cómo ese pequeño niño no produjera ternura por su manera de hablar, sino terror.

No sé cuál haya sido la historia de ese pequeño, quiénes sean sus padres o quiénes fueron las personas que lo influenciaron para tener ese tipo de conducta, pero lo que sí sé es que de la abundancia del corazón habla la boca. Sé que mucho de lo que nuestros hijos creen, hacen o frecuentan es por nuestra influencia como padres o por la falta de ella.

En nuestro hogar, Dios nos permitió ser los padres de una hermosa mujercita. Hoy en día, ya tiene 20 años, y consideramos que es una muy buena hija. Pero recuerdo que cuando ella era muy pequeña, sentía mucho temor de que fuera a crecer sin tener a Dios de manera presente y fuerte en su vida. Así que, como padres, nos ocupamos de mostrarle a Dios de una manera cercana, real y amorosa. Poco a poco, mientras ella crecía, nos íbamos dando cuenta de su caminar guiado pero natural con el Señor. Como padres, sabíamos que la mejor herencia que podíamos dejarle a nuestra hija no eran bienes materiales ni intelectuales, sino su fe genuina en Dios.

Para nadie es un secreto que estamos viviendo épocas difíciles, donde nuestros hijos están creciendo en un mundo cada vez más alejados de los caminos del Señor; y las consecuencias a esta realidad son realmente desastrosas y alarmantes. Es así como en el tiempo de Moisés, cuando el pueblo se disponde a entrar en la tierra prometida, Dios ve la necesidad de comunicarle un mensaje a Su pueblo. Ese mensaje consistía en que todos debían conocer y obedecer los mandamientos de Dios si querían tener Su bendición. Para ello, Dios no solo les dio el mandato, sino también la estrategía; y es así como les ordena hablarles a sus hijos de quién es Dios en su vida, y que ellos debían darles a conocer cuales eran las demandas de parte de Dios, qué esperaba Él de ellos como pueblo y cuál sería la consecuencia de obedecer o no Su Palabra.

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;  y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;  y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.
Deuteronomio 6: 6-9.

Me llama la atención la frase “y las repetirás”.
La idea aquí de “repetir”no es decir frases muchas veces sin ningún sentido, tampoco el tener un discurso molesto que, más que acercar a nuestros hijos a Dios, termine por alejarlos. La idea aquí es comunicar cuántas veces sea necesario y de todas las maneras posibles que hay bendición para los que oyen y obedecen la Palabra de Dios. Que hay bendición para aquellos que tengan a Dios en su corazón como el Dueño y Señor.

Cuando se habla de “todas las maneras posibles”,  incluimos el testimonio de vida, las palabras dichas en medio de una conversación, las actividades que realizamos con ellos y hasta lo que hacemos cuando nadie nos ve. Es importante saber que cada circunstancia será el momento perfecto para hacerles entender a nuestros hijos cuán importante es que ellos rigan sus vidas a la luz de la Palabra de Dios. Cada momento será un buen tiempo de sembrar en ellos semillas de vida.  Es por eso que el escritor sagrado dice: “Estarán sobre tu corazón”.

Solo cuando algo está sobre nuestro corazón, tendremos la pasión de comunicarlo y entregarlo a otros. Es así que Dios debe ser realmente importante en nuestra vida, de tal manera que eso sea lo que nuestros hijos perciban.

Cuando miramos el contexto del pasaje, no estamos hablando de una opción. ¡No!
¡Estamos hablando de un mandato!

Si queremos que nuestros hijos sean impactados por la luz de Cristo, tenemos que hacer nuestro papel de padres y sembrar en sus corazones semillas de vida. Debemos repetir a nuestros hijos, de todas las maneras posibles, a cualquier hora y en toda circunstancia, las verdades eternas que traerán bendición para sus vidas.

¿Cuánto tiempo dedicas para compartir a tus hijos tu fe en Dios? ¿Qué estrategias usas para que esta palabra llegue a sus corazones?
Es nuestra tarea como padres… “Y las repetirás a tus hijos…”

-Claudia Silva